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| Rio Manzanares. Sometido a una
impresionante reforma, que contará, en el futuro con una playa fluvial,
produce una agradable sensación pasear por su orilla. Desde parques infantiles hechos sólo con madera, a carriles que aprovechan los patinadores y ciclistas, pasando por el sistema de exclusas que le permite elevar su nivel en cada tramo, llegamos hasta la zona donde se preparaban los festejos del Mundial de Fútbol. Recuerden: El resto de vídeos y fotos de éste viaje, están en la sección Viajes. |
| Viaje a Madrid: Hoy les traigo
imágenes de la Estación del Norte (Príncipe Pío). Yo me alojaba bastante cerca de ella, así que la grabé en diversos días, unas veces por dentro, y otras por fuera. En el primer caso, vemos que la han convertido en un Centro Comercial, ubicando las tiendas en dos plantas, sobre las antiguas vías de Ferrocarril, por donde tantas veces había llegado a Madrid, en aquellos lentos y ruidosos trenes nocturnos, pero menos mercantilizados que los modernos, donde el vagón restaurant era un agradable punto de encuentro , donde charlar, mientras se disfrutaba de una comida o una bebida de igual calidad y precio que un local convencional. En lo que es la zona actualmente destinada al tráfico de viajeros, los vigilantes de seguridad no me permitieron grabar. Incomprensiblemente, si permitían hacer fotos... En fin, mi teléfono móvil, bastante básico, tiene cuatro veces más definición que mi cámara de vídeo, si quisiera planear un atentado, tendría mejores imágenes con él. La paranoia de la seguridad, es, a todas luces, exagerada. Hasta hay que pasar por scanner antes de subir al tren, cuando hay mucha más gente por los andenes... Agradable música "Stopping trains", de Key, álbum "2010", en www.musicalibre.es. |
| 07/2010: Parques y jardines de
Madrid. Si de algo pueden (y deben) estar orgullosos los habitantes de Madrid, es de las superficies verdes que salpican la ciudad. En mis recorridos por ella, con harta frecuencia, encontraba lugares sonmbreados, con fuentes y árboles de sombra, ideales para descansar un rato. En el vídeo, vemos el de la Bombilla, el del Oeste, el de Rosales... y algunos más, que encontraba a mi paso, para cobijarme del calor. |
![]() Mojón indicativo del camino de Santiago, en el pueblo de Navacerrada. |
Imágenes del Rastro de Madrid, y escenario en el Manzanares, donde le dan manguerazos a los espectadores para refrescarlos.![]() ![]() ![]() ![]() |
| 17/07/2010: Ya de vuelta a
Galicia. A partir de hoy, iré subiendo los vídeos que grabé en Madrid. Comenzamos con el Templo de Debod, un regalo del Gobierno Egipcio, en agradecimiento a la colaboración de España en la construcción de la presa de Asuán. |
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05/07/2010.
Madrid. Pues sí, estoy en la Capital del Reino. He de realizar algunos actos médicos, y aprovechando que me pilla cerca la zona Jurídico-Política, pues a mover un poco mis asuntos legales. ![]() 08/07/2010: Una foto de Moncloa. ![]() |
| 08/06/2010: Ya he vuelto.
Tras una semana
de viaje, en donde he mezclado el placer con los temas jurídicos,
retorno a Galicia. En los próximos días, daré cuenta de mis aventuras, con vídeos y fotos. Un adelanto: Telamon: Así se llama éste barco. Naufragó hace unos años, y fué remolcado por un pesquero hasta la Central Eléctrica / Desaladora cercana a Arrecife (Lanzarote). Posteriormente, se intentó recuperar, pero la operación se abandonó por su enorme coste económico, y el pobre barco, acabó perdiendo su proa. Los lugareños lo llaman, con una mezcla de aprecio/desprecio, "nuestro particular Titanic". Llevaba un cargamento de madera, y, hoy en día, varios de sus troncos son los únicos que existen en la isla, ya que las erupciones del siglo XVIII no dejaron ni un sólo árbol, conformando una escultura llamada "Noche de San Juan", en la que se pintaron las llamas. ![]() La foto la saqué con el teléfono, desde el autobús. |
Aquí,
los troncos, plantados en una rotonda semi-peatonal, en la Playa de las
Cucharas. Debido a la práctica ausencia de lluvias, no se pudren.![]() |
| Costa
Teguise, Lanzarote. Si hay que itilizar una palabra para definir ésta zona de la isla, debería ser "Viento". Nunca deja de soplar, variando únicamente su intensidad. En el vídeo, lo podemos percibir perfectamente, haciendo, incluso, casi imposible grabar en condiciones con una cámara doméstica y sin trípode. Vemos los jardines en la vía pública, con riego por goteo, y una capa de cenizas volcánicas para retener la humedad, deportistas practicando Windsurf en la Playa de las Cucharas, curiosas esculturas hechas por los ciudadanos, apilando rocas frente a la Playa de Bastian, un crucero atracado en el puerto, y luego pasando por detrás del Hotel Playaverde, donde nos alojábamos, y uno de los múltiples espectáculos nocturnos con los que amenizaban a los huéspedes. |
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Parque
Nacional del Timanfaya. Comienza el vídeo con los camellos. Durante el siglo pasado, éstos fuertes animales, ayudaron al hombre a recuperar su vida en la isla, retirando las cenizas y la lava, para lograr crear tierras para el cultivo y la vivienda. Ahora, trabajan unas horas al día, llevando a los turistas en un corto paseo, y luego, regresan al pueblo dedicado a mantenerlos, a varios kilómetros de camino. Posteriormente, el paseo en autobús por la zona volcánica. Está absolutamente prohibido acceder de otra forma que en autocares, bien sean turísticos, o del parque, por lo que no se recomienda acudir en coche. Por ello mismo, tras las demostraciones del poder energético que hay bajo tierra, a unos pocos centímetros de profundidad, sólo se pueden hacer fotos y vídeos tras los cristales del vehículo. En una parte del recorrido, se transita por el interior de un tubo volcánico. Ya cerca de la costa, un precioso lago de color verde, debido a la presencia de unas microalgas que viven en ésas aguas filtradas por la ceniza desde el mar, nos muestran un volcán cortado por la mitad. Y luego, la zona de los Hervideros, donde una erupción submarina, provocó un impresionante paisaje. |
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Fotos
de Arrecife:
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Fotos
de Timanfaya:
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| 27/08/2009: Visita guiada a la
Isla de San Simón. Primero de los tres vídeos que grabé, en una excursión organizada y gratuita. Primer vídeo: Segundo vídeo: | Tercer vídeo: Cuarto vídeo: Imágenes de la isla. |
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30/07/2008 Gran
Canaria. Capítulo 1.
En el aeropuerto. Tras cuatro años, mi mujer y yo, logramos reunir una pequeña cantidad de dinero, y encontramos una buena oferta para viajar. Destino, la isla de Gran Canaria, desconocida para nosotros. Teníamos que embarcar a las 12:40 horas del 23/07/2008, en el Aeropuerto de Peinador. Dado que no nos es rentable dejar el coche en el parking durante una semana , los taxis cobran jugosos complementos por acudir al aeropuerto y cargar la maleta, o tendríamos que utilizar dos autobuses de Vitrasa, nos llevó mi suegro. Por supuesto, a la velocidad legal, 40 Km/hora. Increíble, en un acceso a un aeropuerto, y a la marcha de una bicicleta, poco más. Bueno, con eso ya contábamos, así que llegamos con la hora y media de adelanto necesaria. Facturamos la maleta, y cartelito terrible en pantalla. “Delayed”. Vale, pues una amable empleada de Spainair, nos informa de que han tenido que cambiar la tripulación, y que la aeronave aún no partió hacia Vigo. Al menos, tres horas de retraso por delante. Bien, como no pensábamos dejarnos el dinero antes de empezar las vacaciones, abandonamos las instalaciones, y nos dirigimos a una cafetería cercana a Cotogrande. La música demasiado alta, gente hablando en un tono muy elevado, y empieza nuestro dolor de cabeza. Pese al ruido, logramos leer la prensa del día, y un capítulo de los libros que llevábamos cada uno, en mi caso, el denso “Cien años de soledad”. Ya hartos del escándalo, volvemos a ver como va la cosa. Bien, el avión ya venía a buscarnos. Y empieza a resonar por toda la instalación, cánticos religiosos y aleluyas varios. Una pequeña multitud, esperaba a un grupo de personas que venían de ver al Papa. Hasta gaiteiros y percusionistas... Y llegan cámaras, tanto autónomos como de cadenas de TV, y les preguntamos. No sabían nada, venían a grabar la llegada de las selecciones de Baloncesto de Argentina y de España. Bueno, a mal tiempo, buena cara, y aproveché para grabar el vídeo que tienen a su izquierda. Con casi cuatro horas de retraso, y tras disfrutar de un escuálido croissant relleno y un refresco, por cortesía de Spainair, embarcamos. Una vez alcanzada la altitud y velocidad de crucero, comienza la segunda parte de la aventura. Aguantar la inexistente educación de algunos pasajeros (si, algunos, no caeré en el error de generalizar), y del auténtico suplicio de la teletienda que se monta en la aeronave. Empezemos. Una niña, sentada delante nuestra, con sus excesivamente tolerantes padres, empieza con un incansable charloteo, con ellos, o consigo misma. Inquieta a más no poder, sólo se calla, y un ratito, cuando sus progenitores sueltan los tres euros por los cascos para oír la película. Intento retomar los “cien años de soledad”, pero no me dejan. Que si desayuno basura, a precio de hotel de cinco estrellas, que los productos de la compañía, el caso es que, cada 20 minutos, te pasan la caja registradora con ruedas. Otra niña comienza a ponerse nerviosa, tanto, que hasta la dejan visitar la cabina. Pues nada, paciencia. No nos han dado de comer, tenemos sueño, y no podemos dormir. Encima, a la primera niña, no le gusta la película. Se quita los auriculares, y vuelve a sacar de paseo la lengua. Bien, llegamos a destino. A esperar la maleta, afortunadamente, sale a los pocos minutos. Nos indican donde está nuestro microbus, y allá nos vamos. Un simpático conductor, nos aguarda. Nos explican que nuestro retraso ha desbaratado toda la organización, por lo que se disculpan por no poder atendernos mejor, y, como luego pudimos comprobar, que no nos dejemos llevar por la primera imagen de la isla, que es mucho más interesante que ésa tierra y roca que nos rodeaba, musicalizada por un constante viento. Otros viajeros, con los que debíamos compartir el transporte, tardan en salir. Luego supimos que una maleta había sufrido importantes daños en las ruedas, y estaban presentando la reclamación. Durante el vuelo, la comandante nos había avisado que Spainair nos gratificaría por el retraso, motivo por el cúal, no hicimos ningún trámite. Craso error. El consuelo era un pequeño descuento en otro vuelo (sin incluir tasas e incremento de carburante), a realizar en los dos meses siguientes. Pero hay que reclamarlo en cinco días. O te dejas el dinero en un cyber, introduciendo los datos personales en un ordenador público, o usas la wifi del hotel, a tres euros el cuarto de hora. Así que a fastidiarse. La próxima vez, pedimos la hoja de reclamación, seguro. Tras veinte minutos de autovía, empezamos a dar vueltas por Playa del Inglés, repartiendo a cada turista a su hotel correspondiente. La verdad, estábamos destrozados, no sólo físicamente, sino emocionalmente. Aquello parecía horrible. Afortunadamente, estábamos equivocados. Pese a los constantes problemas, ha sido un viaje muy agradecido, y no dudaríamos en repetirlo. Es más, lo deseamos. |
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Gran Canaria,
capitulo 2
Bungalow 179, o el terror de la Familia Monster. Una vez llegados al Hotel, Terraflor Park, en San Valentín, nos recibieron y acompañaron a nuestros aposentos. El bungalow número 161. En una esquina del inmenso terreno que ocupaba. Nevera, tostadora, TV (con tragamonedas, 1 euro=75 minutos, tres euros, un día), cocina eléctrica, cafetera (sin filtros) y, por supuesto, agua caliente. En el frontal, un pequeño jardín, mesa y sillas, y tres hamacas. Bien. Ya sabíamos que no era un cinco estrellas, pues a deshacer la maleta, ducharnos, y salimos a hacer las primeras compras. En plan salir del apuro, y aprovechar lo que queda de día, al Centro Comercial Yumbo, al que todos los días, por una cosa o por otra, volveríamos, y que describiré en un capítulo aparte. Pan de sandwich, fiambre, café soluble, y agua. Mucha. La que sale del grifo, procede de reciclaje y desalinizadoras, y no es potable. Solo vale para fregar y limpiar, pero hay que secar con un trapo o papel cada cosa, para que no quede mal sabor. Y, lo comprobamos en las piscinas, pica bastante en los ojos. Y, usada en el lavado de ropa, deja unas manchas de color marrón, lo que no queda nada bien en las prendas interiores. Tras prepararnos algo, salimos a conocer el establecimiento. Aunque la primera impresión no fué buena, para qué negarlo, poco a poco, se volvió muy agradable a nuestros sentidos. Sin cuestas ni escalones, goza de abundante vegetación, y los loros viven en las palmeras. Además, palomas, abubillas... Nos iba gustando el tema, y empezábamos a olvidar los problemas del viaje. Cenamos, sobre las 20:00. Buffet, comida abundante y muy sabrosa, sin quejas. Ni siquiera nos dolía comprarnos las botellas de agua, a un euro cada una, que son siempre un gasto aparte. Y salimos a pasear por el entorno, para conocer la zona. Siguiendo la Avenida Alfereces Provisionales, pasamos por delante del siempre espectacular Hard Rock Café, y bajamos hasta la playa. Tras una buena caminata, volvimos, a dormir. Llevábamos desde las 8 de la mañana sin hacerlo, y el sueño apretaba nuestras mentes. Y entonces, llega la parte más desagradable, y con diferencia, de nuestra estancia. Los inquilinos del bungalow 179, que se juntaban con los de otros cercanos. Gritos. Risas. Palabrotas. Niños berreando. Golpeteo de vasos y platos. Hasta ahora, la abrumadora mayoría de centro y nor-europeos, hacía que todo fuera un remanso de paz, tranquilidad y silencio, cosas que yo necesitaba con urgencia, y por lo que aceptamos un alojamiento a más de un kilómetro de la playa. Pero ésta, como diría yo, ¿gentuza?, si, eso es, pertenecían a la nación española. Y nos dio auténtica vergüenza compartir ésta cuestión. Su comportamiento siempre, en todas partes, fue pésimo. Me imagino que en su pueblo o ciudad, les pagaron el viaje para deshacerse de ellos una semana. Y comprendí porqué, a los españoles, siempre nos dan las habitaciones más alejadas. Para no oírnos, para no aguantarnos. Volviendo al relato, ésta odiosa familia estuvo de juerga, hasta las dos de la madrugada. Me aguanté las ganas de decirles cuatro cosas, pensando que a lo mejor, sólo era ése día, que celebraban algo especial. Iluso de mí. Por la mañana, desaparecieron. Debían venir en sólo alojamiento, porque no fueron a desayunar. Nosotros, a la playa. Unos buenos chorretones de crema solar, y una mañana divertida, agradable. Volvemos al Hotel, nos preparamos la comida, y a dormir la siesta. Otra vez el escándalo. Y no paraban. Pues nada, a la piscina. Poco a poco, mis nicotinados pulmones recuperaban sus funciones, y me dediqué al buceo, a hacer largos. Primero unos 10 metros, descansar un poco, quince metros, a gusto. Y entonces, llegó la plaga. La Familia Monster, al completo, con cuatro escandalosos niños, se apropiaron de la zona infantil y de la de adultos más cercana a la primera, y ruído. Mucho, incesante. Primeramente, todos los demás optamos por alejarnos, ir a la zona más profunda, y seguir a lo nuestro, agua, sol, y a fortalecer músculos nadando y buceando. Bien en Inglés, o en Alemán, saludábamos a los demás turistas, y la cortesía era la norma. Pero, en un determinado instante, el barullo de los personajes de los que hablo, fué ya muy grande. Casi a la vez, todos recogimos nuestros enseres, y nos fuimos a otra piscina (hay tres). Tranquilidad recuperada. Hasta después de cenar. El juergueo al aire libre se reanudó, con más intensidad, si cabe, que la noche anterior. Llamo a recepción, por si pueden intervenir, pero no contestan. A punto de contactar con la Policía, me quedo pensando si tendrían facultades dentro del establecimiento, o si no les causaría problemas a los propietarios. Y decido iniciar una guerra sicológica. Comienzo a tamborilear con los dedos en la mesa exterior. Parece que funciona, bajan el tono. Pero sólo unos momentos, luego vuelven a lo suyo, a molestar al por mayor. Aumento la intensidad. Esta vez , con el mechero. Primero de punta, luego ya plano. Se callan. Cuchichean. Distingo un “que le jodan”, y vuelven a la carga, una partida de cartas. Ya me estoy enfadando, y ahora cierro con fuerza la ventana y la puerta. Otros residentes, hacen lo mismo. Suena algún “chissssss”. Pero ni caso. Pues mechero contra cenicero, y noto que se ponen ya nerviosos. Pero, tras hablar en voz baja entre ellos, vuelven, con más fuerza, a la producción industrial de decibelios. Una y media de la mañana. Lo dejo por imposible, y me pongo a ver la TV. A las dos, se retiran. De momento, podremos dormir. Por la mañana, me dirijo a recepción, y les cuento la situación. No sabían nada, las únicas quejas, eran de unos holandeses, frente a nosotros, a los que apenas oíamos hablar y reir. Y nos cambian de bungalow. Al número 110, mucho mejor, ya lo comentaré. Porque la Familia Monster, siguió fastidiándonos. A “su” piscina, no podíamos ir. Para una vez que lo hicimos, una señora, en inglés, se dirigió a ellos, diciendo que dos de sus “adorables” criaturas, habían tropezado con su hijo en el borde de la piscina, y que, al caer, se dañó la mandíbula. Efectivamente, algunos de los presentes asentían, parece que fueron testigos de los hechos. Por supuesto, en un magnífico inglés, lo negaron, con la frase “no, no push”. La señora lo deja por imposible, y se retira. En éste momento, y empleando un tono de disculpas, le dicen, y perdón por la literalidad, “¡ Señora ! ¡ Hija de puta ! ¡ No me joda ! No había por allí más castellano-parlantes, así que nadie más se dio cuenta. Pero todos, volvimos a repetir la maniobra de alejarnos de ellos. Al rato, y dándose cuenta de que tanto mi esposa como yo hablábamos en castellano, se retiraron. Volvemos a recoger nuestra toalla, mi paquete de tabaco y el mechero, pero me faltaban unas monedas, que traía para tomar un café o una cerveza. Lo dejamos estar. Ya nos habían dicho que se iban al día siguiente. Y, afortunadamente, así fue. Pero capté alguna conversación en inglés, en donde se comentaba que robaban todo lo que veían, desde juguetes a colchonetas... Todos contentos de que se les acabaran las vacaciones. Menos los de su pueblo, que tendrán que aguantarlos hasta el año que viene. De verdad, me hicieron sentir vergüenza de ser español. Espero que, tarde o temprano, les prohíban salir de su casa. O que los metan en una cárcel, insonorizada, a ser posible.
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Gran Canaria,
capitulo 3
Empiezan las vacaciones. El desierto. Dejando atrás todas las incidencias negativas, empieza el relato más agradable. Debido a la premura con la que se realizó el viaje, no había tenido tiempo de informarme sobre la Isla de Gran Canaria, por lo que, en nuestro primer paseo por la costa, nos sorprendió encontrarnos un auténtico desierto, al borde del mar. Gigantescas dunas, mucho mayores de las que recuerdo que antaño existían en Playa América, cambiaban su forma y altura constantemente. A ellas les he dedicado el largo vídeo de hoy. En la primera parte, impresionantes vistas desde el paseo que existe, y, en la segunda, la pequeña travesía que hicimos, hasta la playa nudista. Este pequeño sáhara, se extiende desde Playa del Inglés, a lo largo de una docena de kilómetros, hasta Maspalomas. Para aventurarse en él, es conveniente tomar ciertas precauciones. Primero, la indumentaria. Si la caminata es inferior a una hora, llevar poca ropa, chancletas o sandalias como calzado, y evitar las horas de más sol. Por supuesto, cubrirse de crema solar, es algo que no debe faltar. Con una botellita de agua fresca, y siguiendo las pisadas de quienes nos preceden, podremos disfrutar de una apasionante, pero algo cansada, travesía. Pero si la excursión va a durar más, hay que ser más cuidadoso. El estilo “tuareg” debe imponerse, nos rodearemos de ropa, ligera, pero que contenga la pérdida de líquido por sudoración. Hay que beber abundante líquido antes de empezar, aguantar las ganas de orinar para obligar al cuerpo a reciclar los líquidos, y cubrirse la cabeza con una gorra de visera amplia, o enrollarnos una toalla, a modo de turbante. El calzado, deportivo, y rociado o espolvoreado con alguna solución que limite la sudoración. Aparte de la insolación y la deshidratación, el mayor peligro, está en la desorientación. Una vez entre las dunas, no hay referencias posibles, por lo que debemos evitar las horas en que el sol está en el cenit, para poder situar nuestra sombra a un lado, y seguir en línea reta. Un simple “GPS” de aguja, o sea, una brújula, pesa poco, y nos permitirá evitar andar en círculos. Tan grande es éste peligro, que cada poco tiempo, se da una vuelta un helicóptero, dotado con camillas, para comprobar que no hay problemas. En el caso de que lo veamos venir, y necesitemos que nos ayude a encontrar el camino, deberemos hacerles señas, y cuando se acerquen, indicarles nuestro problema, extendiendo un brazo y girando una vuelta completa. Entonces, la aeronave apuntará con su morro, o nos hará una pasada, indicándonos la ruta más adecuada. Si necesitamos ayuda médica, solicitaremos que aterrice, haciendo un movimiento del brazo de arriba hacia abajo, con la palma de la mano hacia el suelo. Nosotros salimos desde el final del paseo de piedra, en Playa del Inglés, y nos dirigimos en línea recta hacia la zona de playa nudista. Por supuesto, de ésta última parte, no grabe imágenes comprometedoras, ya que siempre procuro respetar la intimidad de las personas. Y, para acabar con éste capítulo, reseñar la importante labor de los servicios de emergencias y de la Policía Local, continuamente patrullando arriba y abajo, e interviniendo continuamente para remediar las innumerables imprudencias de los turistas. En efecto, cada pocos minutos, una ambulancia evacuaba a alguien. |
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Gran Canaria,
capitulo 4
Las Palmas de Gran Canaria. A nuestra llegada al hotel, no habían informado de las excursiones organizadas que podríamos realizar. Había una, para ir de compras a la capital, 18 euros por persona, y pensamos que, por nuestra cuenta, nos saldría más económica, y evitaríamos aglomeraciones. Así que nos plantamos en nuestro cuartel general de transportes, o sea, la entrada principal del Shopping Center Yumbo, a esperar la Guagua número 30. Según el cartelito, pasaba cada 9 minutos, pero estuvimos veinte esperando. Y, segunda sorpresa, sobre la que reflexionaré luego, el precio del billete... 5,50 euros. Por dos personas, 11 euros. Ida y vuelta, 22 euros... Pero sigamos. Tras 45 minutos de viaje, llegamos a Santa Catalina. Muchas zonas abiertas, impresionantes vistas del muelle, con una gran actividad de contenedores, y un buen estado del asfalto y baldosas. Realmente, la sensación de amplitud era muy agradable. El tráfico rodado, muy intenso, más según nos adentrábamos por las calles. Pensábamos adquirir ropa de cama, mantelería, y otear el horizonte, en busca de una nueva cámara de vídeo. Así que, durante dos horas, visitamos comercios y tiendas, arriba y abajo, y la impresión que teníamos, era que estábamos en Vigo. Los mismos nombres comerciales, mismos artículos, iguales precios, con el diferencial del 11 % entre el I.V.A. peninsular del 16%, al restarle el 5 % del Impuesto del Cabildo Insular, transformado en beneficio para los vendedores. Ni un pañuelo adquirimos. Localizamos dos tiendas de Electrónica de consumo, de las que teníamos buenas referencias para obtener material semiprofesional... y nada, las típicas cámaras de juguete, con grabación en DVD o en HDD, en MPEG2... Y con precios muy poco económicos. Así que volvimos a la zona portuaria, cometiendo el error de no seguir hacia el casco histórico, que luego nos comentaron que es muy bonito, y disfrutamos de un paseo por el Centro Comercial El Muelle, una hamburguesa para el cuerpo ( no será la mejor ni la más barata comida, pero sabemos que no mata, en pequeñas dosis), donde volvimos a tener la impresión de estar en Vigo, en algún lugar como Carrefour, Alcampo, C.C. Camelias o Príncipe... Tras reponer fuerzas, quisimos entrar a un museo de ciencia, con la cabina de un avión a un lateral, y cinco euros cada uno. Como ya hemos visitado multitud de muestras del estilo, obviamos el pago de la entrada, y volvimos a nuestro hotel, con un cierto sentimiento de frustración. Lo hubiéramos pasado mejor, en la playa. Y ahora, el tema Autobús. Es un servicio que no está a la altura de las necesidades. Aparte de la impuntualidad, la escasa o nula información sobre el precio del billete, que parece un secreto de estado, que sólo se puede desvelar subiendo a una Guagua y pagando, los vehículos están bastante obsoletos. Alguno son modernos, con aire acondicionado, pero otros... Apenas tenían potencia para subir las cuestas, éramos adelantados hasta por ciclomotores. Y el precio. Vamos a ver. En Canarias, no se paga el IVA, sino el I.G.I.C. Como ya comenté, es un 11% menos. O sea, tanto la Empresa, comprando autobuses y material, como los clientes, abonando el servicio, tienen un importante descuento en impuestos. Pero, además, los combustibles están un 30 % más baratos, y precio al público. Seguro que para la concesionaria del servicio, le sale bastante más barato. Y hacer 50 Km hasta Las Palmas, por 5,5 euros (casi mil pesetas), con éstas condiciones, me parece carísimo. Vamos, que en coche, y a precio de combustible peninsular, una sola persona gasta menos dinero. Con el gas-oil 40 céntimos más barato, haría el triple de kilómetros. Y si son cinco personas en el vehículo... pues no se puede pedir que usemos el transporte público con tanta alegría... Ya, como últimas anécdotas, durante el viaje de vuelta, se subieron dos personajes de mal vivir, que no hacían más que hacer notar su condición de homosexuales, de forma harto grosera y ruidosa. Hasta que, en la parada del Aeropuerto, el conductor se hartó, y les puso las pilas: O se callaban, o se bajaban. Termino medio, siguieron con sus tonterías, pero a menos volumen. Y la producción de energía eólica. Cientos de aerogeneradores, en fila, girando y girando, obteniendo electricidad para hacer funcionar las des-salinizadoras, que abastecen de agua no potable a la isla. Los grabé desde la ventanilla del autobús, así como la Torre Petrolífera, que me recordó a las que antaño se construyan en Vigo, en Barreras. Respecto a la calidad del vídeo, es por lo que decidí cambiar de cámara. El estabilizador digital hacía cosas raras, por lo que hubo que desactivarlo. Ello, unido al fuerte viento, y a un poco fiable contraste de blancos, me han obligado a recortar numerosos planos. Ya son demasiadas horas de uso para una máquina de segunda mano y diez años de antigüedad... |
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Viaje a Gran Canaria,
capitulo 5
Diversión y compras. A la hora de comprar, tomarse algo, o divertirse, directamente, pasábamos por un camino entre dos edificios al Centro Comercial Yumbo. No muy alto, pero con miles de metros cuadrados de superficie, tiene desde pizzerías a cajeros automáticos. Si uno tiene la cuenta bancaria bien saneada, puede vivir allí, sin problemas con el abastecimiento de víveres y licores. Nuestra primera parada diaria, era para comprar agua, y algo para la comida, en un supermercado allí existente. Pero siempre pasábamos por el "Shoping Center". Estaba de camino para todo: ir a la playa, esperar a un autobús, al pasear ... Pero cuando está en su mejor momento, es a partir del ocaso. En su plaza central, exponen su arte numerosas personas, que te hacen retratos al carboncillo, al "photoshop" envejeciendo tus rasgos y ropas (eso estaba prohibido grabar, lo siento), caricaturas, en bloques de resina con láser... Pero las atracciones más llamativas, son dos. La "bola", ése engendro mecánico que te dispara hacia el cielo, y que, además, nos servía de guía para volver al hotel, debido a su altura, y el ambiente. Llamémosle liberal, el fenómeno Drag Queen domina la noche. En todos los locales de la planta baja, algunos con la entrada limitada a un sólo sexo, se notaba la alegría, el humor, y, porqué no decirlo, algo de cansancio, del tópico típico de siempre... Luego, artistas "por libre", entretienen a los viandantes y consumidores, con acrobacias y bromas. Colorido, música, y buenas vibraciones. Independientemente de lo que opine cada cúal sobre éstos temas, allí, te diviertes. Y es a lo que se va, al menos, en primer lugar. Pongo dos vídeos, el primero sólo en Youtube, grabado con la cámara antigua, y el segundo, también disponible para descarga, por su calidad, ya realizado con la Panasonic en formato 16:9. |
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Viaje a Gran Canaria,
capítulo 6
Mogan, un pueblo pesquero. La segunda excursión que hicimos, también con los mismos incovenientes de la de Las Palmas, o sea, una "Guagua" que casi no podía con el peso del conductor, y a 4 euros por 20 Km, fué hacia el Sur, a Mogán. Anunciado como "La pequeña Venecia", nos la recomendaron unos compañeros del hotel, por su belleza. Pero también nos advirtieron: Lo que se pesca mayoritariamente, son turistas con la cartera llena. Dos euros y medio por un café, así que, imagínense una comida... Tras hacer las tres cuartas partes del recorrido por autovía, la ruta seguía por una impresionante carretera de montaña, con cerradas curvas al borde de altos acantilados. Llegados a destino, nos sorprende el lugar en dónde se están construyendo casas: en las escarpadas laderas. Luego, a pasear. Una pequeña playa, con el baño restringido por una fila de boyas, y muy bien equipada, acoje a quienes quieran darse un chapuzón. Al fondo, vemos al Submarino, escoltado por otro barco, por seguridad. Seguimos hacia la derecha, y al puerto, donde nos sorprendió gratamente la gran claridad del agua, con peces multicolores, que acudían al muelle a recibir comida, por parte de un pescador. Hay un astillero, en donde se reparan naves deportivas, y se construye un nuevo submarino. Volvemos sobre nuestros pasos, y oteamos el Canal Principal, con otros perpendiculares más pequeños, pero no navegables, por unas vigas atravesadas. Luego, ya nos adentramos por las pocas calles que componen el pueblo, y todo muy bien pintado, y con exhuberante vegetación. Al final del vídeo, algunas tomas desde la "Guagua". Si, si quieren ver algo bonito, vayan. Lo recomiendo. Pero... cuidado con el dinero. Incluso en el Supermercado, los precios son muy altos. Si les dicen que vayan en coche alquilado... ahorrense el dinero, ya que, además de la peligrosidad de la carretera, se encontrarán con un bonito cartel "Prohibido estacionar, salvo en los lugares autorizados". Y estos son, claro, de pago. Y nada económicos. Es la segunda vez que veo la misma situación. Restaurantes y cafeterías, expléndidamente montados, con las mesas vacías, y los empleados aburridos a la puerta, a ver si alguien se anima a entrar. Me había sucedido en un paraje muy similar, en Mallorca, en el "Torrent de Pareis". Tanto cobrar, y se olvidan que los clientes de los hoteles se avisan unos a otros de los precios claramente abusivos, y que, gracias a Internet, el que exagere la factura, perderá clientela. Están matando a la gallina de los huevos de oro. |
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Viaje a Gran Canaria,
capítulo 7
Despedida. Lo bueno, se acaba. Con la rabia de haber perdido cinco horas en el aeropuerto, ahora había que sumar un madrugón, a las cinco de la mañana, para retornar a Vigo. Así que hicimos las maletas, y abandonamos el Bungalow 110. Y con mucha pena, porque, como pueden ver en el vídeo, estaba muy bien. Nos sentíamos como en casa, o mejor. La habitación, amplia, con camas muy cómodas, y un buen armario, además de las mesillas de noche. El baño, también muy bien distribuido, sin estrecheces. Y la cocina, donde cada día le dábamos algo de gusto al cuerpo, con ésa práctica mesa americana para hacer y servir los platos. Todas las alacenas y cajones estaban llenas de platos, cacerolas y sartenes, amén de los cubiertos. Procuramos dejarlo todo limpito, y allí se quedó, para quién nos relevara, un paquete de azucar, otro de café, y el lavavajillas. Ya nos habíamos despedido la noche anterior del personal del hotel, y les expresamos lo agradecidos que estábamos por sus atenciones. Un especial afecto a los cocineros, siempre alegres y cumplidores, nos es causa ahora, ya en Vigo, de añoranza. ¡ Qué profesionalidad y buen humor ! Y qué decir de recepción, donde nos informaban de todo lo que teníamos que hacer, y hasta me enseñaron cuatro frases en Alemán... Pena, sí, eso sentíamos al tirar la llave por el buzón. En el día anterior, fuímos a por la cámara nueva. El caso, es que la compré a la tercera parte de lo que me pedían (Absolutamente nueva, y con garantía oficial), y lo único que yo decía, es que quería una de tres CCD. Como no la tenían, el propio vendedor se encargó de regatearse a si mismo. Pues bueno, como la última cantidad me pareció más que justa, acepté el trato. De vuelta al hotel, "atajando" por la Playa del Inglés, volvimos a ver a una señora, con la que nos habíamos cruzado muchas veces, bajarse de su cochecito, atestado de sacos de comida para felinos, un par de jaulas y mantas, y dedicarse a darles de comer a los gatos callejeros. Un cartelito pidiendo una ayuda económica, y no lo pude resistir. Y los que venían detrás nuestra, tampoco. Y ya queda el viaje de vuelta. Desagradable acción, de por sí, fué agravada por el madrugón, y luego, por los pésimos servicios al viajero de los aeropuertos. Facturamos la maleta, y pasamos, poco menos que desnudos, los arcos detectores de metales. Me pita. A cachearme. Pues eran las tarjetas de crédito de la cartera... Mientras, a otros viajeros, les confiscaban cualquier cosa que pudiera beberse o comerse. Al contenedor, da igual que lo lleves en la bolsita de plástico transparente que te dieron en la agencia de viajes. Y los que tuvieran cremas solares, o la de alohe vera en el equipaje de mano, lo mismo. Y llegamos a la zona de "servicios". Y encontramos la explicación. Botellas de agua, a 8 veces el precio en supermercado. Refrescos y bocadillos, lo mismo. Me pido un café, y veo que el camarero se lleva a la cafetera un enorme vaso de plástico. Miro para la lista de precios, y con el grande, desayuno en un hotel de cinco estrellas. Le digo que se espere, que es mucho, y que me lo ponga pequeño. Me cobró como 4 veces a Zapatero en la cafetería del congreso.... Aviso a los amigos del hotel, y, por lo que a nosotros respecta, los comerciantes y hosteleros del aeropuerto, no se hicieron demasiado ricos. En definitiva, se usan las supuestas medidas de seguridad para dejar a la gente dos horas (por lo menos) esperando su vuelo, además del tiempo de viaje desde el hotel, para que el hambre y la sed apriete, y cascarle un buen sablazo económico. Y quieren privatizar AENA... va a salir más caro desayunar que despegar. Porque, por supuesto, durante el vuelo, ni un vaso de agua. |